El paro alimenta la proliferación de anuncios de empleos precarios y de fraudulentos cebos

Aumentan las ofertas de trabajos de hasta dos meses a prueba y sin sueldo, que cobran por participar en procesos de selección o que obligan a llamar a un número de tarificación especial para informarse sobre falsos empleos

Se busca reponedor para trabajar treinta minutos los lunes, miércoles y viernes. El salario es de 4,87 bruto/hora… Buscamos dependienta. Dos meses no remunerados de prueba de lunes a sábado, de diez a dos y de cinco a ocho y media… Estamos seleccionando veinte camareros. Los interesados deben dejar sus datos en el teléfono 80 60…

Son un botón de muestra de las ofertas de trabajo que últimamente pululan por la web. Empleos precarios, condiciones injustas y flagrantes estafas, como la de remitir a un teléfono de tarificación especial para dejar el currículum. Luego, en verdad, el puesto de trabajo en cuestión ni siquiera existe, y al dejar los datos uno pierde 30 euros y buena parte de sus ilusiones. Las asociaciones de consumidores alertan de que cada vez son más quienes tratan de aprovecharse del drama del desempleo, de la gran bolsa de parados y de la flexibilización del mercado laboral. A veces, hasta se buscan “periodistas interesados en invertir en un nuevo medio de comunicación y bregarse así en la profesión”.

“Esta clase de anuncios son los ejemplos más vistosos de la devaluación que está sufriendo el empleo -explican en la asociación para la defensa de consumidores Facua-Consumidores en Acción-. Tras ellos se esconden condiciones laborales que no superarían una inspección de trabajo, estafas, fraudes… y en el fondo una jungla donde prevalece la ley del más fuerte, donde el puesto de trabajo se convierte en un cebo para engañar a personas desesperadas”.

Hablamos de pagar para poder acceder a unos cuestionarios y convertirte en encuestador… O de hacer un curso en una academia privada que te proporcionará un empleo suculentamente retribuido… O de comprar una serie de productos en unas condiciones aparentemente ventajosas para luego revenderlos… El sector de las ventas, señalan en el sindicato CC.OO., ya sea a puerta fría o por teléfono, es probablemente el más afectado por la degradación.

El problema es que los anuncios no son más que anuncios. Muchos de ellos son objeto de furibundo escarnio en las redes sociales, son parodiados en los shows televisivos… y entonces desaparecen de internet o son atribuidos a un desafortunado error. Fuentes de la Generalitat explican que Inspecció de Treball actúa cuando ya existe una relación laboral previa, y de los Mossos d’Esquadra que sus operaciones al respecto son puntuales, derivadas normalmente de una denuncia. Como la de aquel hombre al que aseguraron que darían un empleo de cocinero, le pidieron un número de cuenta corriente para domiciliar la nómina y lo que hicieron fue saquearle. El hombre llevaba cinco años en el paro.

Pero lo cierto es que la inmensa mayoría de los afectados prefiere lamer sus heridas en la intimidad. O aceptar lo que le ofrecen. Y en muchas ocasiones lo que de veras ofrecen es incluso mucho peor que lo que anuncian.

“Además de enfadada, te sientes muy tonta, incluso un poco avergonzada. Te toman el pelo y te quitan las ilusiones. Luego ya no te crees nada. Desconfías de todo”, explica A., barcelonesa de veintiséis años.

“A través de un portal de búsqueda de empleo recibí en mi perfil una oferta de atención al cliente. Se suponía que tenía que atender llamadas. Pero luego tenía que hacerlas, que vender productos de una empresa muy conocida, concertar citas para que luego acudieran los comerciales y firmaran los contratos”.

“El problema era que yo cobraría en función de los contratos firmados. Y yo concertaba las citas pero luego no tenía modo de saber si los contratos se firmaban o no. Además, yo no trabajaba para esa empresa, sino para otra con un nombre extraño que tenía una subcontrata, en una oficina en Castelldefels medio en obras. Yo estaba allí sola, en una mesa con una lista de teléfonos y nombres y un teléfono… Y al quinto día me la encontré cerrada. Llamé por teléfono y me dijeron que estaban ocupados, que llegarían más tarde…”.

“Así que decidí dejar el empleo. Les pedí que hiciéramos cuentas… No me pagaron nada. Al cabo de un mes llegó a mi perfil otra oferta de atención al cliente, de otra empresa que no conocía. Decidí hacer la entrevista y me encontré en la misma oficina destartalada hablando con la misma gente. Habían cambiado el nombre. Les dije que me pagaran lo que me debían, pero… Ni lo puse en el currículum ni nada porque no creo que me convenga que sepa nada de esto”.

T., de cuarenta y siete años y también de Barcelona, tiene una larga experiencia como comercial, ocupando incluso cargos de responsabilidad en grandes empresas… “Pero la crisis degradó el sector. La oferta no estaba mal: contrato mercantil más incentivos, seiscientos euros brutos al mes, veinticinco horas de trabajo a la semana… Y te decían que nada de puerta fría, que sólo acudiría visitas previamente concertadas por su equipo…”.

Luego la realidad es distinta. “Luego no es que no te proporcionen las visitas, es que tú tienes que conseguir de tu entorno de amigos y familiares las diez primeras, y aparte de venderles el purificador tienes que lograr que cada uno de ellos te proporcione veinticinco contactos, veinticinco nombres con sus teléfonos… Es lo que de veras les interesa a esta gente, listas de personas y sus teléfonos”.

“Y lo que te exigen es que cada día les traigas una lista de veinticinco contactos. Y si no los llevas te mandan a hacer encuestas a la puerta de un supermercado. Entonces le tienes que hacer un par de preguntas a la gente, normalmente sobre alergias, porque los alérgicos son los más proclives a comprar purificadores, y luego les preguntas el nombre y el teléfono, para los típicos controles de verificación de encuestas, les dices. Y así proporcionas a la empresa un inmenso lista de potenciales clientes. De hecho, no les importa demasiado que vendas mucho o poco. Lo que quieren son las listas. Yo estoy harto, pero necesito el trabajo, lo necesito de verdad…”.

“Yo estuve un día entero trabajando en un club de cannabis sin cobrar -cuenta N., barcelonesa de cuarenta años-, pero ahora estoy contenta porque después de unas cuantas experiencias desagradables conseguí un empleo de teleoperadora decente”.

Lo del club de cannabis consistía en hacer prueba no remunerada de once de la mañana a once de la noche. A N. le pareció exagerado, “entiendo un prueba sin cobrar de un par de horas, de una mañana… pero doce horas me pareció demasiado, sobre todo sin que te hagan ningún seguro, sobre todo después de escuchar a los clientes decir que todos los días había chicas diferentes, que iban y venían… A las nueve y media de la noche me terminé de convencer que allí aprovechaban de la gente haciéndole trabajar gratis con la excusa de la prueba…”.

“Da mucha rabia. Pero ahora estoy contenta. Conseguí un puesto de teleoperadora. Fue complicado. Porque los cursos de formación son cada vez más largos, pueden durar hasta cuatro semanas, y ya no es como antes, ya no te pagan nada a no ser que luego te cojan, y tú tienes que pagarte el metro las cuatro semanas, y echar muchas horas”.

“Y luego durante varios días te hacen una serie de pruebas orales y escritas, de catalán y castellano, también de debate, defendiendo una postura y luego atacándola, varias entrevistas personales… Yo he tenido que llevar todos mis títulos compulsados. Todo para hacer ofertas por teléfono. Pero es que siempre hay un montón de candidatos, siempre hay muchísima gente buscando trabajo…”.

Fuente: La Vanguardia

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