Empleo, en femenino

Trabajar gratis 59 días al año, o cobrar un 16,4% menos. Tener que demostrar más y durante más tiempo para alcanzar las mismas metas, los mismos puestos, los mismos cargos. O, en su defecto, coger la calle de en medio y convertirse en emprendedora. Y todo, con la casa y la familia a cuestas. Conviene recordar algunas de las razones que hacen necesario que este sábado 8 de marzo se celebre el Día Internacional de la Mujer Trabajadora y se hable de empleo, en femenino.

La radiografía del mercado de trabajo en función de géneros arroja conceptos fríos: brecha salarial, segregación sectorial, paro, empleo vulnerable, conciliación… Hay mucha tarea pendiente en lo que a igualdad laboral entre hombres y mujeres se refiere y el desempleo puede ser uno de los puntos por los que empezar.

Más paradas que parados

El desempleo ha tenido tradicionalmente un mayor impacto sobre las mujeres. La marcha de la economía entre 2002 y 2007 permitió que la distancia entre el paro femenino (5,8%) y el masculino (5,3%) se acortara hasta una diferencia del 0,5%. Pero llegó la crisis y esta no solo frenó el acercamiento, sino que lo revirtió. En 2011, el porcentaje global de mujeres sin trabajo ascendió al 6,4% y al 5,7% en el caso de los hombres, según los datos del informe ‘Tendencias Mundiales del Empleo de las Mujeres 2012’ elaborado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Los roles asignados

Del desempleo, al empleo y la manera en que se distribuye. En el origen de todo, la educación. Existen gestos, comportamientos, señales que, de forma subliminal, apuntan que hay determinados trabajos que solo deben ejercer las mujeres y otros que solo deberían desempeñar los hombres. Esa es la moraleja que ‘va calando’ cuando, por ejemplo, los padres regalan el ‘kit’ de enfermera a sus pequeñas o el taller mecánico con todas las herramientas a los niños.

De aquellos gestos, estos datos: la mayor parte de las mujeres activas se encuadra en el sector servicios, mientras que otras actividades, como la industria o la agricultura, cuentan con una mano de obra fundamentalmente masculina.

Continúa existiendo una segregación ocupacional horizontal que provoca que las mujeres tengan más limitada la elección de un empleo en según qué sector. El informe ‘Tendencias Mundiales del Empleo de las Mujeres 2012’, elaborado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), señala que, en las economías desarrolladas, el empleo de las mujeres en la industria se redujo a la mitad, desplazando al 85% de ellas a los servicios, sobre todo a la Educación y la Salud.

Diversos estudios recogidos por la misma organización destacan que la obligación culturalmente adquirida de los quehaceres domésticos por parte de las mujeres y los roles que se les asignan desde que son menores están en la base de la discriminación a la que se enfrentan después en el mercado de trabajo. La estructura del ámbito familiar se extiende y replica en el laboral. De esta forma se podría explicar que los sectores y las ramas de empleo remunerado que implican cuidados (enfermería, guarderías, tareas domésticas, etc.) sean desempeñados comúnmente por mujeres.

En horizontal y en vertical

Pero la segregación no sólo se da en el plano horizontal, también en sentido vertical. La presencia de mujeres al frente de las compañías es menor que la de los hombres, aunque empiezan a verse avances.

A nivel internacional, gigantes estadounidenses como General Motors, IBM, Hewlett-Packard o Yahoo ya operan bajo la batuta de una mujer.

En España, un informe elaborado recientemente por la consultora Inforpress y la escuela de negocios IESE concluye que la presencia de mujeres en los consejos de administración de las empresas que cotizan en el Ibex 35 alcanza el 16,6%, con un total de 78 consejeras.

La cosa cambia en las empresas no cotizadas. Un tercio de estas medianas y grandes compañías (entre 100 y 500 empleados) en España no cuenta con ninguna mujer en sus equipos directivos, según el estudio ‘Women in business 2014’ elaborado por la auditora Grant Thornton.

Las mujeres ocupan el 22% de los puestos de Dirección en ellas, a pesar de que representan el 52% de la población con estudios universitarios. La directora de auditoría de Grant Thornton, Isabela Perea, explicaba que estas cifras esconden muy diversas causas, aunque es evidente que la conciliación de la vida laboral y familiar no está resuelta y buena parte de las mujeres acaban poniendo en un segundo plano su crecimiento profesional.

Trabajar gratis

La equiparación salarial es otro de los caballos de batalla de la lucha por la igualdad de géneros en el terreno laboral. De un rincón a otro del mundo se producen casos, y no pocos, de mujeres que cobran menos que sus compañeros varones por desempeñar el mismo trabajo y asumir las mismas responsabilidades.

La Comisión Europea denunciaba el pasado 28 de febrero que la brecha salarial entre hombres y mujeres sigue estancada en el 16,4% en el Viejo Continente. La CE lo explica de una forma más clara y dolorosa: las mujeres europeas deben trabajar “de manera gratuita” 59 días hasta situarse en el mismo nivel salarial que los hombres. También aquí hay excepciones. Mientras países como Dinamarca, la República Checa, Austria, los Países Bajos y Chipre reducen el margen, en otros como Hungría, Portugal, Estonia, Bulgaria, Irlanda y España la brecha se agranda.

El informe presentado por la Comisión en diciembre de 2013 puso de manifiesto que factores como la falta de transparencia de los sistemas de remuneración, la falta de claridad jurídica en lo que se entiende por trabajo de igual valor y los obstáculos prácticos dificultan la igualdad en los salarios.

En España, la última Encuesta Anual de Estructura Salarial -presentada en junio de 2013 y elaborada con datos de 2011- no hace sino ahondar en esta realidad. De acuerdo con sus resultados, el salario medio anual femenino era un 23% inferior al masculino. Y hay más. En la Administración Pública, ellas cobran de media un 14% menos de salario que ellos, según el estudio del sindicato CSI-F recogido por Rafael J. Álvarez.

La división regional de la OIT en América Latina trata de arrojar luz sobre esta situación y asegura que “el trabajo femenino tiende a verse como complemento del salario masculino, no como un derecho propio, y esto favorece el ajuste salarial a la baja y las jornadas de trabajo más extremas en duración, distribución semanal e intensidad”.

Un ajuste que choca frontalmente con la conciliación de la vida laboral y familiar. Este asunto afecta a los dos géneros, pero la observación dice que las mujeres asumen en mayor medida los cuidados domésticos y asistenciales en el hogar. El desarrollo de las últimas décadas hace que el hombre cada vez tenga un papel más activo y se implique más en este tipo de tareas, pero la paridad queda aún lejos. Esto limita las posibilidades de igualdad de oportunidades y de trato de la mujer en los mercados laborales, tal y como señala la OIT.

Por eso, muchas de las medidas que desde diferentes sectores se sugieren para favorecer la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer en la sociedad están destinadas a la conciliación del trabajo con la vida personal.

Facilitar servicios de cuidado a los hijos durante la jornada laboral, favorecer la integración de personas con discapacidad y enfermedades crónicas, ampliar la cobertura de los servicios públicos, desarrollar códigos de buenas prácticas en el seno de las empresas o erradicar los estereotipos de género desde ámbitos como la educación o los medios de comunicación son los retos que los gobiernos, agentes sociales e individuos deben afrontar para que se pueda hablar del empleo en femenino…y masculino.

Fuente: El Mundo

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